Todos las mañanas me levanto pensando que este nuevo día será productivo para mi, voy a abrir mi negocio y me voy con la ilusión de vender más a mis clientes, de que ellos se sientan satisfechos con mi producto y que por supuesto regresen en otra oportunidad.
Pero horas mas tarde me doy cuenta de que no he vendido lo suficiente, todo lo que había planeado para este día en mi negocio terminó siendo solo un sueño; creí que conseguiría algo mejor este día, creí que vendería más que ayer.
Al finalizar mi trabajo ya cerca de las doce de la tarde me siento absorbido por el trabajo, los estudios y todos lo quehaceres cotidianos míos. Llego a mi casa pensativo y distraído, miro a mi madre y a mis hermanos menores; sin más que saludarlos ingreso a mi habitación y me recuesto sobre mi cama.
En mi cama recuerdo a muchas personas que han triunfado en la vida, me pregunto el porqué de su triunfo y analizo la situación. Muchos de ellos lo han conseguido porque justamente no evadían sus trabajos; no solo soñaban sino que también buscaban la manera de materializar sus sueños; amaban lo que hacían y siempre lo hacían con pasión. Nunca miraban al tiempo como obstáculo sino que lo aprovechaban al máximo.
Después me doy cuenta que en éste mundo tan mecanizado uno no puede escapar de sus labores tiene que afrontarlas, que nada saldrá de acuerdo a lo planeado, que siempre habrán problemas y que esos problemas son justamente las oportunidades que nos llevaran al progreso, que nos harán madurar.
No tenemos que temerle al tiempo sino más bien darnos cuenta de cuantas cosas productivas podemos hacer en el corto tiempo de vida que tenemos, no seamos presos de él sino tengamos la libertad de poder vivir al máximo haciendo lo correcto en esta vida.
Autor: Daniel Ramírez Vallenas
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